14/6/15

El peso del corazón, Rosa Montero

La serendipia existe. He vuelto a reunirme con Bruna Husky en otra etapa importante de mi vida. Mi primer encuentro con la androide de combate fue en 2011 gracias a Lágrimas en la lluvia (Seix Barral); una replicante testaruda que vivía atrapada en un bucle de pesimismo, tenacidad, ímpetu, energía y muerte. Sobre todo esto último, pues el universo de Rosa Montero parece que tiende a explorar las preguntas que no queremos hacernos, o en última instancia, las que solo formulamos en la privacidad de nuestra mente. Las aventuras de Bruna Husky vuelven en El peso del corazón, y con ella, lo me ha hecho sentir a lo largo de cuatrocientas páginas.

Autor: Rosa Montero
Editorial: Seix Barral
Páginas: 395
Precio: 20 euros
Sinopsis: Contratada para resolver un caso a primera vista sencillo, la detective Bruna Husky se enfrenta a una trama de corrupción internacional que amenaza con desestabilizar el frágil equilibrio entre una Tierra convulsa y la dictadura religiosa de Reino de Labari. En un futuro en el que la guerra está supuestamente erradicada, Bruna lucha contrarreloj por la libertad y en defensa de la vida, mientras asimila los sentimientos contradictorios que le produce hacerse cargo de una niña pequeña. Bruna Husky es una heroína extrema y fascinante; una superviviente capaz de todo que se debate entre la fragilidad y la dureza, entre la autosuficiencia y la desesperada necesidad de cariño. Es una fiera atrapada en la cárcel de su corta vida, un tigre que va y viene ante los barrotes de su jaula «para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación», como el felino de la bella frase de Elias Canetti.
El peso del corazón es la segunda novela de la vida de Bruna Husky, pero se puede leer de forma independiente. La premisa inicial parece sencilla: devolver a su propietaria una reliquia familiar. La androide no tiene ni un duro, así que acepta el encargo sin pensar en el fregado que le viene encima. A medida que avanza el libro se van añadiendo nuevos factores a la trama principal; confieso en cierto momento de la novela ya se me había olvidado por qué Husky se había metido en tal embolado, con todo lo que estaba sucediendo. Me encanta cuando el hilo conductor se enreda y con un solo tirón volvemos a lo verdaderamente importante. Así empieza:
Los humanos eran lentos y pesados paquidermos, mientras que los replicantes eran rápidos y desesperados tigres, pensó Bruna Husky, consumida por la impaciencia de tener que aguardar en la cola. Recordó una vez más aquella frase de un autor antiguo que un día citó su amigo el archivero: “El ininterrumpido ir y venir del tigre ante los barrotes de su jaula para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación”. Bruna se la sabía de memoria porque le había impresionado: ella era ese tigre atrapado en la diminuta cárcel de su vida. Los humanos, con sus existencias larguísimas y sus vejeces interminables, solían glorificar pomposamente las ventajas del aprendizaje; incluso de las malas experiencias, sostenían, se podían sacar cosas. Pero Husky no podía perder el tiempo en esas tonterías; como todo androide, solo vivía una década, de la cual le quedaban tres años, diez meses y veintiún días, y tenía la certeza de que había saberes que no merecía la pena saber. Por ejemplo, ella hubiera podido vivir muy feliz sin conocer la cochambre de las Zonas Cero; pero aquí estaba, tras haber hecho un viaje inútil a la miseria.
Es una novela poco explicativa, lo cual siempre me ha parecido una ventaja a la hora de contar historias. En este sentido, Rosa Montero coloca los antecedentes de rigor, aunque también creo que se repite en situaciones donde el lector ya está más que al día de las aclaraciones. No cortan la narración, pero sí me estorbaron algunas veces. Igual solo pretendía remarcar ciertos hechos (como el Tumor Total Tecno que sufren los replicantes cuando van a morir; este caso en concreto está bien explorado porque es un drama tremendo, pero repetir quién era tal o cual varias veces me distrae). Si es así, a mí no me hacía tanta falta.
Bruna Husky, dibujada por Alessandro Valdrighi para la adaptación al cómic de Lágrimas en la lluvia.
Mirad, Bruna Husky brilla. Por encima de cualquier cosa. Es un personaje complejísimo, riquísimo, lleno de matices; es la protagonista indiscutible de la novela no solo porque aparezca en todas las escenas y el narrador sea una especie de cámara en su espalda, sino porque se apropia a su manera de cada imagen que traslada el narrador. Esa energía arrolladora, no lo sé, esa vida que ama vivir, en contraposición al pesimismo que no le permite disfrutar de los buenos momentos tanto como debería. Un sesgo emocional, quizás, que enturbia la realidad, o le da otro color.
“Bruna rozó con la punta de los dedos el nudo que seguía llevando en su camiseta. También a ella la había atado. Puede que Gabi no quisiera perderse el resto del cuento. O quizá fuera una inesperada prueba de cariño hacia la rep. Puede que el amor entre monstruos fuera así. Nudos que apresan inútilmente, mordiscos que duelen y desgarran.”
Del resto de personajes os cuento lo justo para no hacer spoilers. Vuelven Yiannis, el archivero; el detective Lizard, tan esquivo como de costumbre (y del que me apetece saber más), Pablo Nopal, el memorista de Bruna; y nuevas incorporaciones como Gabi, una niña despegada y arisca que me ha arrancado más de una sonrisa. No voy a extenderme más aquí. Quedaos con la idea central: el relieve de los personajes es como una cordillera escarpada que os gustará escalar.

El estilo de Montero está íntimamente ligado con las percepciones de Bruna Husky. Y las descripciones, guau, son muy vívidas. No sé cómo explicarlo. La prosa se agarra…, no, así no va a funcionar. ¿Sabéis lo que decía Mark Twain de “la diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta es la misma que entre el rayo y la luciérnaga”? Pues eso. La prosa apela directamente a las emociones. No es lo mismo decir, por ejemplo, “su contacto quemaba” que “su contacto abrasaba”, ¿no? Abrasar está en un nivel superior, como cuando dices exhausto en vez de muy cansado o terrible en vez de malo o malísimo. He visualizado los escenarios casi a la perfección (excepto por un par de lugares) y creo que se debe a que ha introducido elementos inusuales en las descripciones a las que estamos acostumbrados, como el sentido del tacto o del olfato. ¿Sabíais que el olfato es el sentido más ligado a la memoria? ¿No os ha pasado alguna vez que vais caminando por la calle y os viene el olor de alguien conocido?
En el cielo apareció una franja de color verde manzana. Una línea de luz que empezó a curvarse sobre sí misma, a ondear, a adquirir un tono más intenso, un verdor de fuego fabuloso, cada vez más acaracolado y agitado, cada vez más hermoso y cegador, hasta que el cielo entero fue una llamarada. Era una aurora boreal. Partículas del Sol chocando contra la atmósfera de la Tierra. Eso sí que era poderoso. Eso sí que era radiactivo. Bruna estaba tumbada sobre la bestia creada por los humanos, ochocientas toneladas de muerte y destrucción. Pero encima de ella ardía toda la potencia del Universo, el deslumbrante y cegador misterio del mundo.
Y la mención de honor va para a las escenas eróticas. No cuenta como spoiler el hecho de que Bruna Husky es consciente de su sexualidad; el deseo es inherente a ella. Si lo resalto es porque lo poco que he leído tanto en literatura erótica como en general suele ser nefasto. Me estorban. No aportan nada salvo la fantasía del autor o autora de turno fuera de contexto. Me gustan las escenas de sexo, pero me gusta aún más que estén bien contadas y que hablen de los personajes desde la intimidad. En teoría todos estamos de acuerdo. En la práctica...
Un mordisco moderado, en el límite del dolor, sin hacer sangre. Una dentellada rápida, lo suficiente para notar los labios cálidos y algo despellejados de Lizard, para percibir el respingo del hombre, para que un incendio arrasara su sexo ávido y abierto bajo la falda. […] Grandes como eran, se retorcieron en el cubículo, se comieron las bocas, se mordieron los cuellos, se agarraron y tironearon y arañaron y, sin desnudarse, consiguieron enhebrarse el uno en el otro, fundirse en un gimiente, enloquecido animal de dos cabezas hasta estallar en una pequeña muerte rápida y aguda, en un orgasmo que parecía una puñalada.
¿Conclusión? Rosa Montero es intensa, y Bruna Husky, más. Sé que la he disfrutado más en dosis pequeñas, o más bien en dosis con largos intervalos de tiempo. Es una novela de personajes, de la muerte, de la lucha entre la civilización y la irracionalidad, de la democracia y de cómo la religión no se quita ni con agua caliente. Me fastidia, pero prefiero no contaros nada sobre Labari ni sobre otros lugares de la ambientación. Eso sí: leedla sin miedo a pensar que es una obra de ciencia ficción, ¡y muy buena!, al igual que Lágrimas en la lluvia. Ninguna de las dos lo parece, ¿verdad? El porqué es un misterio. Una decisión que concierne puramente al departamento de marketing. ¿Podría optar esta novela a los premios Ignotus, podría optar a ellos Rosa Montero si se le diera la cobertura necesaria? Mi respuesta es que sí, por supuesto. Os dejo una última cita:
—Está sucio. Entre mis funciones está la limpieza inmediata de la suciedad.
—¡Pues ahora ya no tienes esas funciones! Ahora lo único que tienes que hacer es cuidar de que nadie se acerque ni toque este cadáver.
—Sí, inspector Lizard. Entendido.
Entonces el autómata hizo algo muy raro. Dio una vuelta en redondo sobre sí mismo y después otra más. Se detuvo de nuevo ante el policía:
—Por favor, inspector Lizard: ¿qué es un cadáver?
El único ser inocente que quedaba en el mundo debía de ser este pedazo de chatarra, pensó con melancolía Bruna Husky.

27/4/15

2015 Young Explorer's Adventure Guide, VVAA

Si tuviera dinero ilimitado, aportaría mi granito de arena en todos los crowdfundings que encuentre a mi paso. Es una experiencia dura e inolvidable ver cómo los demás, desde el anonimato, apuestan para que tu proyecto salga adelante. Mientras tanto solo puedes comerte las uñas y desvelar contenido exclusivo gradualmente. Por esto, invertiría; la realidad es que todavía tengo que elegir mis aportaciones con cuentagotas porque el bolsillo no da para todo. 2015 Young Explorer’s Adventure Guide es el resultado de un crowdfunding que captó mi atención gracias a su premisa: ciencia-ficción para jóvenes de todas culturas y orígenes. Sabéis (y si no, os lo digo) que no pierdo la oportunidad de reivindicar una literatura diversa y rica en matices, de manera que cualquiera pueda sentirse parte de la historia. 2015 Young Explorer’s Adventure Guide llegó en forma de casualidad y se queda como una bonita sonrisa en mi estantería.

Autor: Varios Autores
Editorial: Dreaming Robot Press
Páginas: 380
Precio: 15 euros (crowdfunding)
Sinopsis:
Sally Ride, first American woman in space and Presidential Medal of Freedom recipient, famously said:
“Young girls need to see role models in whatever careers they may choose, just so they can picture themselves doing those jobs someday. You can’t be what you can’t see.”
Girls need to read stories where any number of possible roles are modeled for them. Just as importantly, boys need to read stories where girls are active participants in adventures. And children of all colors and backgrounds need to know the future includes them.

La escritora Nancy Kress (autora de Mendigos en España, ganadora de cinco premios Nébula, dos hugos, un Sturgeon y un Campbell; lo que viene a ser una crack) abre esta estupenda antología formada por veinticuatro relatos con “Why I hate Earth”, un cuento que retrata las consecuencias de una mudanza muy especial: los padres de Nia, de trece años y medio, tienen que mudarse a su casa de la Tierra por asuntos de trabajo. Eso significa dejar atrás la Luna, donde Nia es muy feliz.  Kress invierte el papel del extraterrestre que llega a nuestro planeta y pinta una niña humana perdida en el que debería ser su hogar, pero no lo reconoce. El relato es un bocadito que abre el paladar del lector. Lo digo en serio. Las páginas sucesivas son divertidísimas, tiernísimas, pero sobre todo un reflejo de la realidad social y cultural actuales enmarcadas en un paisaje futurista.  La propia Nancy Kress dijo acerca del libro:
When I was a child, the school library had a girl’s section, which included fairy tales, and a boy’s section, which included all the science fiction. Things have changed, of course, but not enough. There is a strong need for science fiction, as opposed to fantasy, aimed at girls, especially in the middle grades. This anthology is an important contribution to the effort to fill that need, and I’m delighted to be a part of it.
Me gustaría destacar que la antología está orientada a un público juvenil de entre 12 y 14 años. No es el juvenil que tanto conocemos como el que lo precede, algo así como una antesala al ‘young adult’. La ciencia ficción no suele presentarse como un género accesible a edades temprana. Diría que para muchos de nosotros los grandes clásicos siguen suponiendo un reto a nivel técnico y de vocabulario, así que podéis imaginaros el escalón para los niños y niñas: pasan de leer historias introductorias sobre marcianos y las estrellas a otras con una profundidad similar a Hiperión. No hay, quizás, un término medio, y si lo hay, desde luego que deberíamos hacer lo posible por ampliarlo. Este es el acierto de 2015 Young Explorer’s Adventure Guide.
Web de la editorial Dreaming Robot Press.
Mi relato favorito es The doom of Wonder Bread. Una jovencita descubre que está sufriendo un ‘dreamscape’, una patología al más puro estilo el día de la marmota. Tiene tres días para averiguar qué debe cambiar para salir del ciclo o se quedará eternamente reviviendo el mismo instante. Mientras, su cuerpo, en la vida real, amenaza con no despertarse nunca. Me cautivó por la elegancia con que desarrolla el juego narrativo, además de por los diálogos tan divertidos con su hermano y que los padres sean parte activa de la historia. En serio. Es hasta cansino que los padres desaparezcan como por arte de magia.

Sean y Corie Weaver, los editores de Dreaming Robot Press y promotores del crowdfunding han reunido en un solo volumen a veinticuatro autores capaces de dar dosis de una ciencia ficción apta para niños y niñas de todas las edades. Os dejo con la presentación, que personalmente, y no sé por qué, me emocionó:
This way, this way!
In this volumen we are pleased to present 24 tales of adventure. Stories of alien ships and human ingenuity, of faraway skies and maybe-just-around-the-corner-Earth.
Of exploration, survival, kindness and friendship.
In these stories you’ll encounter robot dogs, baffling aliens, space pirates, airships, the recipe for the best cheesecake in the Universe and much more.
And we hope you’ll also find friends who you’ll want to revisit through the years.
Nothing is quite like the first time you read a story, and we envy the adventure you’re about to embark on.
Have a great trip, and write us when you get back!
Enlaces de interés:

Kickstarter: Young Explorer's Adventure Guide
Dreaming Robot Press: Tales of Science Fiction written for a middle grade audience

10/3/15

'John muere al final', de David Wong

Menuda gamberrada de libro. John muere al final es el culpable de que os esté hablando desde mi nuevo rincón de críticas, independiente de la dinámica de Eleazar Writes. Por eso se merece, por lo menos, un lugar especial en esta introducción. Digamos que David Wong tiene el honor de cortar la cinta de inauguración. Ahora bien, ¿por qué?

Autor: David Wong
Editorial: Valdemar
Colección: Valdemar Insomnia
Páginas: 576
Precio: 29,90 euros
Sinopsis:
STOP: •NO DEBERÍAS HABER PUESTO TUS MANOS EN ESTE LIBRO. •NO, NO LO DEJES. ES DEMASIADO TARDE. •ELLOS TE ESTÁN OBSERVANDO.Mi nombre es David Wong. Mi mejor amigo es John. Son nombres falsos. Puede que no desees saber nada sobre las cosas que leerás en estas páginas: lo de la salsa, lo de Korrok, lo de la invasión y el futuro. Pero es demasiado tarde. Has tocado el libro. Ya formas parte del juego. Estás bajo el ojo. La droga se llama “salsa de soja”, y proporciona a sus consumidores una ventana a otra dimensión. Ni John ni yo pudimos evitarlo. Tú todavía puedes. Siento haberte involucrado en esto, en serio. Pero cuando leas sobre estos terribles sucesos y la época sumamente oscura en la que el mundo está a punto de sumergirse por su causa, es crucial que recuerdes una cosa: YO NO TENGO LA CULPA DE NADA DE ESTO.
Mi acercamiento a John muere al final fue gracias a la adaptación cinematográfica de Don Coscarelli, que recibió el Premio del Público en el Festival de Philadelphia y otros cuatro galardones más en eventos de Sitges, Chicago y Toronto. La edición de Valdemar contiene dos prólogos, del director y del autor respectivamente, contando la odisea que supuso dirigir y presentar una obra tan característica a un público acostumbrado al corte hollywoodense. Porque os aseguro que no existe una palabra concreta para acotar un libro que navega con igual destreza por el humor, el gore, el terror, la fantasía y el surrealismo sin que un género ahogue a otro. Debido a la dificultad para clasificarlo en un nicho concreto del mercado (y demás factores), hemos recibido la historia de Dave y John ocho años después de su publicación original en 2007, pero lo que cuenta es que ya está con mamá. John muere al final nació en su blog al estilo folletín 2.0 que actualizaba cada noche de Halloween. Y, en pocas palabras, prosperó con la naturalidad de las buenas historias

Así empieza:
“Resolver el siguiente acertijo te revelará el terrible secreto del universo, siempre que no acabes totalmente loco en el intento. Si resulta que ya conoces el terrible secreto del universo, puedes saltarte esta parte”.
La novela se divide en dos partes. En la primera, Wong nos pone al día de la fama que tienen John y Dave como ‘detectives’ de lo paranormal en la ciudad de Oculta. También presenciamos los efectos de la salsa de soja. Nunca nos lo cuentan explícitamente, pero ninguno es feliz con la vida que lleva, si acaso John porque es un hombre especial. Cerca del final de la primera parte, peleando contra unos monstruos con peluca en Las Vegas, la sensación es que Dave pagaría por volver a trabajar en el videoclub que tanto odia a cambio de dejar aquello atrás. En la segunda parte el estilo de Wong se ensombrece para mostrar una ciudad carcomida por la lenta invasión de monstruos, y con él la ambientación adquiere tintes tenebrosos. Algunos pasajes me recordaron al Alan Wake, por eso de sentirse a salvo bajo la luz de una farola.

Fuente.
Está escrita en clave de humor, y sin embargo admiro el don del autor para tejer una escena malrollera, de auténtico terror, de asco, de estrés y desesperación para deshacerla a su antojo. David Wong juega con miedos cotidianos, como ese miedo estúpido a que el monstruo de debajo de la cama te coja del tobillo y te arrastre al inframundo. O el miedo a mirar tu reflejo después lavarte la cara y ver a alguien detrás. En cualquier caso, Wong te lleva al límite y luego te suelta; es como si las carcajadas estuvieran colocadas a propósito en momentos cumbre para aliviar la tensión. John muere al final se ríe en la cara de los tópicos. Se parodia a sí mismo. 
“Lo que yo vi en ese momento era un payaso allí de pie con la tripa abierta a jirones, como si hubiera sido cortada con un cúter desafilado. Estaba… ¿Cómo podía decirlo delicadamente? […] El payaso usaba sus propias manos enfundadas en guantes blancos para llevarse a la boca un cordón de sus propios intestinos. […]Sus expresivos ojos de dibujo animado latían con un terror a punto de desbordarse en locura. Las lágrimas le surcaban el rostro, y el sudor brillaba en su frente. Aquellos ojos […] contaban la historia no solo de un hombre comiéndose a sí mismo, sino de un hombre siendo obligado a comerse a sí mismo”.
El desarrollo se ve altamente enriquecido por la construcción no lineal de la historia. Dave salta de un recuerdo a otro dejando que el lector se encargue de sacar conclusiones, pero es tal el aluvión de imágenes y conceptos y escenas que prevés que van resolverse cincuenta páginas más tarde y de las que quieres acordarte, que más te vale disfrutar del camino hacia las profundidades. Para más inri, Dave utiliza el mítico recurso “si hubiera sabido que esto iba a pasar, habría actuado diferente”, una tentadora invitación antes del cliffhanger de turno. A mí me encantan, pero entiendo que el uso excesivo les haga perder valor. 

Me gustaría destacar por encima de todo la voz narrativa. David Wong, Dave para nosotros, rebosa humanidad por los cuatro costados. Podría no haber sido así dado que la trama es lo suficientemente interesante para sostenerse por sí misma; los personajes podían haber formado parte del lienzo general como excusa para seguir el hilo conductor, pero casi es al contrario: si por Dave fuera, la historia de las personas sombra, el ojo azul que le mira en la oscuridad y Korrok habrían terminado en la segunda página. El protagonista se desmarca del contexto habitual en el que el personaje acepta su destino aunque implique sufrimiento. Dave, huye. Se pasa literalmente tres cuartas partes del libro huyendo de la oscuridad, intentando pasar página cada vez que vive un suceso extraño y rocambolesco mientras John le lía con nuevas ideas. El lector se fusiona a la perfección con el monólogo interno de Dave, primero por lo obvio, porque ver monstruos hechos de trozos de carne y sombras no es normal, y segundo porque la empatía hacia su entorno y él mismo crece conforme revela su historia personal.

Fuente.
John muere al final abarca varios años de la vida de los personajes, que además es un elenco diverso que entra y sale de escena de manera natural. Quiero decir que estamos acostumbrados a que los personajes sean siempre los mismos a lo largo del libro, con ligeras variaciones (como muertes, desapariciones o incorporaciones) que a veces parecen más producto de un deus ex machina conveniente que de aportaciones lógicas. Se me hizo sorprendentemente normal que algunos personajes se bajaran del barco. Paraos un momento a pensar en ello. Si vivierais una situación paranormal, ¿no dormiríais con la luz encendida? Y si esas situaciones se convirtieran en una constante, ¿no os cagaríais de miedo? Yo ya habría hecho las maletas. También es que como heroína no valgo un duro.
“—¡BAJEN ESO!
[…]John no bajó el lanzallamas. En lugar de eso, dijo:
—Baja tú la tuya, gilipollas.
—Yo de usted obedecería, señor —dije—. Estamos cabreados.
—TIENEN UN SEGUNDO PARA TIRAR LA MOTOSIERRA Y ESA… COSA.
En ese momento, John se lanzó al suelo y gritó:
—¡ME HA DISPARADO! ¡AAARRRRGGG!
No se había efectuado ningún disparo. Corrí al lado de John.
—¡Le ha disparado! —exclamé—. ¡Tiene cuatro hijos! O debería decir, cuatro huérfanos”.
Soy consciente de que me dejo muchas cosas en el tintero, pero tampoco quiero incidir más en los personajes o en ciertos aspectos de la trama en una reseña sin spoilers. Bastante he contado ya. No penséis que el surrealismo no da pie a buenas reflexiones o que los malos son malos y ya está. La tuerca no para de girar. David Wong no para de sorprender hasta el mismísimo final. La clave para disfrutar de John muere al final es leer sin prejuicios, caer suavemente en una agradable suspensión de la credibilidad mientras Dave, por ejemplo, habla con John a través de una bratwurst. Con mostaza y kétchup incluido, sí.